¿Cómo me como al mundo sin que me dé coronavirus?

¿Cómo me como al mundo sin que me dé coronavirus?

abril 1, 2021  |  Mis Articulos, Noticias


Me sobra el tiempo y lo tengo atiborrado de nada. Ahora cocino, lavo, hago el jardín, pinto muebles, sanitizo pasillos y rezo. Rezo mucho pidiendo por la vida y salud de mis seres queridos y la mía. 


Tengo la sensación de que me vienen persiguiendo mis planes, mis sueños, mi vida con su latido pausado y arbitrario. ¿Cómo me va a alcanzar el tiempo para lograr todo lo que quiero si me han quitado ya tantos meses y faltan no sé cuántos más?


Es verdad que yo nunca me habría detenido por voluntad propia. Jamás habría hecho una pausa para analizar tanto y todo. Ver tu vida a la distancia, agradecer, temer, llorar, reír, comer lo que jamás habrías comido si no tuvieras la certeza de que en mucho tiempo nadie te verá ni juzgará tu talla. Esta oportunidad de que todos los días sean domingo es como una bofetada de la vida por quejarnos de los lunes. 


Y luego esa angustia de perder el tiempo cuando obligatoriamente te lo han pausado.


El 2020 (y parte del 2021) han sido los años más raros de la historia de mi vida. El Coronavirus vino a cambiarlo todo.
No voy a mentir, siempre me ha gustado el encierro y nunca me ha molestado mi presencia. Disfruto la soledad compartida y mi casa.

Incluso en mis relaciones, lo que más extrañaba era quedarme todo el fin de semana en pijama, viendo películas y comiendo cosas ricas abrazada de alguien. Ese no es el problema en absoluto, lo que me pasa es que soy controladora y esta incertudumbre me arrebató la acción.


Hay días que me distraigo jugando a la ama de casa o a la empresaria, y me invento proyectos nuevos. Otros días me pesa, no entender cómo descifrar el rumbo que ha tomado la existencia. Se me va la paciencia y me entran miedos. 


Luego llega alguien que parece saber bien de qué trata esto y me explica con absoluta certeza cómo debo hacerle. «Sal, vive, no puedes ser tan aprehensiva. El semáforo está en siga, todo está abierto, todos continúan sus compromisos.» Y me indican que no puedo sentir lo que siento y que debo hacerlo como ellos le hacen. 


Luego otros me aseguran que lo que debo hacer es encerrarme en casa y no salir ni al jardín, que el supermercado es peligroso incluso con cubrebocas, que los zapatos arrastran la muerte hasta la casa, y que hasta el respirar ya implica un riesgo.


¿Cómo es que todos saben tanto de esto y yo no sé nada? 
La gente opina. Es incapaz de sostenerte cuando las cosas no van bien, pero opinan siempre. De todo. Normalmete todos saben mejor que tu como debes vivir. Yo he dejado claro que mi vida no esta a disposición de nadie y me he rehuzado a complacerlos a costa de mi voluntad, pero aún así. Opinan.


Yo solo escucho y agradezco como si fuera a hacer exactamente lo que me dicen.  ¿Cómo puede uno irse de fiesta con el luto de tantos encima? Debe ser más fácil sentir tan poco. 


Hoy parece imposible recuperar el mundo. Nos han robado tiempo de primavera en el encierro y no alcanzo a ver el punto de retorno. ¿Será que podré volver a abrazar a alguien sin temor? Viajar, bailar de cerca, comer palomitas de una misma bolsa, besar…


He tenido tiempo de sobra para peinar recuerdos. ¡Con que defachatez he vivido, he cantado, he escrito, y me he paseado! Muchos dirán que soy una atrevida, y lo soy. Me he atrevido incluso a equivocarme, y vaya que lo he logrado. Pero si este es el fin del mundo, puedo decir que he aprovechado cada minuto, y puedo pedir que por favor me regresen pronto a la carrera porque me falta aún mucho que estropear. Y construir.


Después de rezar, doy gracias por el tesoro de mi compañía. Sé bien que soy muy afortunada. No me hace falta un abrazo de mis seres más queridos, ni comer del mismo plato, ni las pláticas tontas o profundas que no requieren de las nuevas tecnologías. Pero aún así, el «allá afuera» entra por todas partes, la tristeza, la inconsciencia, la desesperación del mundo se cuela junto al frío.

Curioso cómo se intensifican los sentimientos cuando tienes que enfrentarlos sin distractores de la cotidianeidad. Aprender a estar con uno mismo, a escucharte por días y días y días. A lidiar contigo sin el ruido del mundo. ¿Cómo es que lo más urgente se pospuso para fecha indefinida? 
Esto a veces se siente como el fin. Y estoy segura que lo es, es el fin de algo, sin duda. No se si lo sea de todo, pero es el fin de algo.


Vivimos en un domingo eterno, temiendole al tiempo por lo incierto que se ve el futuro. Y rogándole al tiempo que nos regrese al pasado. ¡No sabíamos lo que teníamos!
Esta casa me separa del mundo y sus peligros. Hay días que me atrevo a desafiar esos miedos y a abrir la puerta. Hay días que prefiero guardar el tesoro de mi vida. 
He perdido mi vanidad, y me he atrevido a rechazar uno de los trabajos de mis sueños con tal de no exponer mi vida. Me desconozco pero de algún modo he encontrando una nueva serenidad.


Antes de llegar aquí debían haberlo advertido. Quizás habría hecho lo mismo, pero quizás habría hecho más. Ojalá pronto llegue el día en que pueda hacer más, por eso me guardo, para que si llega, pueda hacerlo. Esto que nos ocurre es un ajuste de cuentas, le hemos faltado al respeto a la vida y nos la esta arrebatando. 


Recuerdo cuando mi tito me contaba que antes los niños podían salir a andar en bici o jugar en las calles de la Ciudad de México. Que andaban solos por ahí. Que se bebía agua del grifo, que pasaba el señor de la leche y que podía uno dejar la puerta de la casa sin llave. Me da angustia pensar que así les contaré a mis hijos, «antes podía uno salir y saludar a los amigos de beso, platicar de cerquita, darles un abrazo. Antes en los cumpleaños se ponían velitas en el pastel y el festejado soplaba sobre lo que todos comíamos. Antes uno podía darle un beso en la boca a un galán sin pedirle sus estudios médicos. Antes uno salía sin miedo, sin cubrebocas, sin riesgos.


Pero también antes uno salía sin pensar en los demás. No entendíamos que si a uno le va mal y se contagia, se hará una cadena de contagios que puede alcanzar a la gente que amamos. Hoy ya deberíamos de haber comprendido que cuidarnos a nosotros mismos implica cuidar al mundo.

Para estas alturas tendría que estar claro que debemos cuidar nuestra casa y que por casa me refiero al universo donde vivimos. Respetar a la naturaleza, a nuestro cuerpo y darnos el tiempo para lo importante que no siempre es lo urgente. Nuestra familia, nuestro pedacito de domingo en todos los días de la semana, nuestro tiempo. Hoy ya tendríamos que dominar que el empresario puede encerrarse en su casa, pero el que pone el gas, el que vende alimentos, el que cura, debe venerarse como indispensable. 
Sí, tengo miedo de que no entendamos nada y que este regalo de aprendizaje se convierta en una pérdida de tiempo. Sería muy costoso tantos meses esfumados en la nada. 


Aún me persiguen sombras de sueños, tengo prisa para ir a alcanzar muchas metas y la edad es lo único que no se detiene. Nos han atado en esta pausa mientras el reloj sigue avanzando. 


¿Cómo me como al mundo sin que me dé coronavirus? 
Quizás no nos quede más que dedicar nuestra vida a vivirla como nos va tocando. Incluso este miedo, este encierro, esta pausa, nos pertenece.


¿Volveremos a ser los mismos de antes?

¿Por qué los hombres se enamoran de sus asistentes?

¿Por qué los hombres se enamoran de sus asistentes?

enero 28, 2021  |  Mis Articulos, Noticias

Hace algunos años me presentaron a Roberto, un empresario muy exitoso, guapo, simpático, en fin, parecía un muy buen prospecto. Comenzamos a salir y las cosas iban realmente bien, digamos que hacía todo «by the book», como el manual de las relaciones diría que se debe hacer.

En las mañanas me mandaba un mensajito de buenos días, al medio día me hablaba para saludarme y preguntarme a dónde me gustaría ir a cenar. Me llevaba a mis lugares favoritos, mandaba flores divinas, incluso a veces mandaba de regalo el «outfit» que podría llevar a la cita que tendríamos. No para imponerme mi ropa, sino que había un evento de la Guelaguetza y llego una canasta con productos de Oaxaca y hermosas blusas hechas por artesanas de allá. Otro día me iba a llevar a un baile norteño y me envío un sombrero divino y botas. En fin. Detalles muy lindos.

Todo iba de maravilla. Lo único que a mi me parecía un poco raro, es que siempre llevaba a su asistente con nosotros. No me daban celos, para nada. Sobretodo porque no era nada guapa, de hecho era chaparra, gordita, y no le coqueteaba ni nada de eso. Jamás me pasó por la cabeza que ella pudiera representar algún peligro. De hecho me caía muy bien, era muy amable conmigo, y hasta estoy segura que lo ayudaba a elegir los regalos que me mandaba y a programar las citas.

Llegó el momento en que las cosas parecían comenzar a ponerse más serias, Roberto me pidió que lo acompañara ¡a solas! a ver un departamento que quería comprar. Fuimos milagrosamente sin la asistente y él soltó un comentario clave: «Me importa mucho tu opinión sobre este lugar, sino te gusta no lo compro porque el chiste es que en un futuro, sea tuyo también.» ¡WHAT! Eso era algo muy fuerte. Era casi una declaración pre compromiso. La verdad es que por un lado me emocionó, pero por otro me intrigó muchísimo porque verdaderamente nunca estábamos solos y no teníamos una relación ni remotamente intima como para pensar en eso aún. Por su puesto no compartí mi susto, más bien sonreí y le dije lo que pensaba de ese hermoso departamento. 

Acto seguido, desapareció. 

Si. Así sin más, no volvía recibir flores, regalos, ni mi mensajito de buenos días. Se lo tragó la tierra. Yo lo busqué un par de veces, pero nada. 

Al mes, me lo encontré en el aeropuerto con la famosa y según yo, «no peligrosa» asistente, lo cual no era raro, pero esta vez había algo distinto, iban de la mano y ella traía un enorme brillante en el dedo del compromiso. Al parecer el departamento si tendría dueña, pero esa, definitivamente no sería yo. 

«¡Pero cómo es posible, esta feísima, no se te compara! Me dijo Fer, mi asistente, con quien viajaba ese día. Y… ¡Voalá! Su comentario me calló -como anillo al dedo-. Lo que Fer estaba haciendo conmigo, lo había hecho su asistente con él y es lo que lo había enamorado. Yo no podía competir con eso porque no estábamos en ese punto, es decir, le agradecía muchísimo sus detalles, lo escuchaba y ciertamente lo admiraba, pero no se lo demostraba como ella. Ella lo enaltecía, lo cuidaba, lo hacía sentir como el hombre más exitoso y maravillo del universo. Y eso, déjenme decirles que es mejor afrodisiaco que una caraza y cuerpazo.

Me lo bajó. Cuando ella supo que las cosas se iban a poner feas para ella, me desapareció del mapa y se adjudicó anillo, departamento y lo más importante, su amor. 

¿Han visto Betty en NY? ¿Conocen algún matrimonio que se destruyó porque el esposo se enamoró perdidamente de su asistente?

¿Claro! Puede ser difícil de comprender, pero es real. A largo plazo, los hombres buscan algo que no tiene tanto que ver con la belleza: sentirse Dioses. 

Vamos a basarnos en dos fuentes. 

La primera es el libro del Zojar, que habla de la corriente del judaísmo y del cabalismo. Fue escrito por Shimon bar Yojai en el siglo II, y describe al hombre como un canal de energía, como un proveedor. 

Y segunda, en un estudio realizado en la Universidad de Michigan publicados en Evolution and Human Behavior, que habla de la razón por la cual los hombres prefieren a mujeres subordinadas que poderosas. 


¿Qué quieren los hombres? 


Primero que nada, buscan un reto. A ellos no les gusta nada fácil. Lo toman, sí, un hombre no desaprovecha ninguna oportunidad para tener sexo, pero entre más rápido lo consiguieron, más rápido se desencantan y lo sueltan, por eso los romances de una noche son tan comunes y no se vuevle a saber de ellos. 

Segundo, les gusta sentirse admirados, superhéroes, exitosos, guapos y únicos. ¿Cómo es posible que Betty la fea, logra enamorar a un hombre guapísimo y millonario, a punto de casarse con una mujer divina, poderosa y dueña de empresas? Muy fácil, la mujer «perfecta», lo ve como un igual, no le aplaude absolutamente nada, no necesariamente lo admira pues ella puede hacer lo mismo, no lo necesita y no lo hace sentir necesario. Mientras que la asistente lo ve como un Dios, es su porrista, todo el día le repite lo inteligente que es, no le reclama ni le reprocha nada, por el contrario, lo enaltece en cada oportunidad y está ahí. 

Los hombres, según algunas culturas, como les decía anteriormente, son canales de energía, el trabajo de las mujeres es procesar dicha energía. Es como la semilla y la tierra, ellos son la semilla, los proveedores, los dadores, y ellas son la tierra fértil que reciben la semilla y generan vida. Así mismo, la mujer que sabe canalizar esa energía, es capaz de enamorarlo, activándolo, impulsándolo.

Un ejemplo, a los hombres después del sexo no les interesa cómo estuvo el acto en sí, sino cómo estuvo él. Por eso el mejor afrodisiaco termina siendo alguien que los admire, que los reconozca, que los motive. Si el hombre siente que lo que da no es apreciado, se desactiva y se desenamora.

Estudios de la Universidad de Michigan publicados en Evolution and Human Behavior, mostraron que en relciones avanzadas, los hombres se sienten más atraídos ante mujeres menos poderosas que ellos. La razón puede ser que con sus empleadas, no se sentían inseguros, al contrario, eran los superheroes.

La doctora Ellen Berscheid, de la Universidad de Minnesota, se remonta hasta las interpretaciones psicoevolutivas de la conducta humana y dice que el inconsciente del hombre siente que una mujer poderosa lo puede engañar con otros, mientras que una suboridinaria le será fiel. No importa si eso esté alejado de la realidad, muchos así lo sienten.

También hay estudios como el de la Universidad de Oxford, que aseguran que los hombres no maduran hasta después de los 43 años. Y es real, sin necesidad de analizar su cerebro, podemos observar que suelen ser como niños chicos que necesitan reconocimiento constante. 

Un pequeñito aprecia más lo que le cuesta trabajo obtener y necesita que todo el tiempo le estén chuleando su dibujo, su idea, su logro. Así crecen los hombres. Igual.
De adulto, cuando sienten que no pueden proveer lo que ellas buscan, que no es suficiente, y no se sienten exitosos, se frustran y buscan en donde sí llenen las expectativas. 

Muchas mujeres rechazan el trabajo de convertirse en porristas de sus parejas, sin embargo, las asistentes ni lo dudan, lo hacen y se convierten en las que logran potenciar todo en ellos.

Por su puesto, no podemos generalizar, pero esto ocurre con frecuencia y es porque las secretarias se convierten en fans de sus jefes. Y una mujer que admira a un hombre, es lo mejor para impulsarlo. Así, los hombres se entregan y dan todo lo mejor cuando se sienten apreciados y valorados. Y mágicamente es justo lo que las mujeres necesitan, que les den amor, atención, que las cuiden, porque eso es lo que las hace sentirse únicas y amadas. Y mágicamente se logra un círculo virtuoso perfecto.


Puntos importantes:

La convivencia genera lazos fuertes, como el amor. Los jefes y las asistentes pasan mucho tiempo juntos y además, sin peleas ni reclamos.

La posición de superioridad es otro factor, como vimos en los estudios. Las asistentes genuinamente o no, tienen que mostrar admiración por sus jefes. Lo cual los motiva a dar más.

En conclusión, no importa si una mujer es poderosa, millonaria, guapa, fea, flaca o gorda, esas cosas pueden servir de gancho, pero no de ancla. Lo que la mayoría de los hombres necesita y quiere, por su propia naturaleza, es una mujer que lo impulse a ser justamente lo que ella necesita. A entregarse, a amarla.

Armando Manzanero. El Rey del romantisismo

Armando Manzanero. El Rey del romantisismo

diciembre 28, 2020  |  Mis Articulos, Noticias


Pocas personas tienen el privilegio de conocer a fondo a la persona a quien admiran. Yo fui una afortunada desde muy pequeñita de estar conectada al gran maestro Manzanero. Lo conocí de niña porque era el abuelo de mi amiga Mariana (hija de Armando hijo y Rosalba). Recuerdo que me daba mucha risa como nos hablaba, con un acento un poco más yucateco de lo que hablaba en la actualidad, quizás porque en esas ocasiones estaba rodeado de su familia de Mérida y se le pegaba el tono. A mi me emocionaba verlo porque desde aquel entonces me gustaban sus canciones y soñaba con enamorarme así, como el contaba en su música, pero no dimensionaba que estaba frente a un ser inmortal. Al artista más grande de nuestros tiempos.

Años después conocí a mi querida Cristina, su exesposa y una mujer a quien he querido mucho, la musa de «Somos novios». En su momento, fue como mi tía favorita y una de las personas que confió en mi para ayudarme a conseguir mi primer trabajo al regresar de haber vivido en Italia. Mi querido André Barren, me aceptó como Directora Creativa en Televisa, gracias a la ayuda de Cris.

Armando hijo era muy amigo de mis papás, «El Peras» le decían de cariño y se iban siempre al Premier o a una «disco ochentera» que tenía en su casa. Juan Pablo y Mainca también han estado presentes siempre, ella con sus deliciosos pasteles que de pronto llegan a mi casa, en mi cumpleaños y Juanpa con sus composiciones como «Úneme» y sus mensajes llenos de buena vibra. «Mi papá te consideraba familia, Yaz,» me dijo hace un rato que hablé con él, y sus palabras abrazaron ese pedazo de mi corazón que se fue con el maestro al cielo.

Años más tarde, mi querido amigo Manuel, me invitó a comer con él. Al llegar, se levantó de la mesa y me dijo: “Quiero decirle que la admiro muchísimo, siendo usted tan joven, da las noticias de una forma muy especial, muy inteligente, mesurada. Diario la veo.»

Por su puesto que no le creí, le dije que la admiradora era yo, de él. Así que me comenzó a dar algunos datos de lo que había sucedido en mi programa los días recientes. Era verdad, el maestro Manzanero me veía en la tele y estaba muy empapado de la política de México. Mi emoción fue absoluta, de broma le dije que si podía grabarlo diciendo que era fan de mi programa, pues nadie me lo creería, y me ofreció algo mejor, decirlo al aire, en mi noticiario. Y lo hizo.

Desde ese día nos hicimos muy amigos. Comíamos con frecuencia en un restaurante de comida árabe en el centro histórico, «Al Andaluz», ahí nos atendía Fuad o Mohamed, quienes ya sabían exactamente lo que le gustaba al maestro, él pedía para todos en la mesa, y era tan increíblemente caballeroso que hasta nos servía; cuando la mesa era muy grande, se levantaba para alcanzarme el jocoque o el pan, mientras contaba anécdotas sobre su infancia, sobre su madre que leía las cartas cuando él era niño; o sobre las canciones que había compuesto.

«A mi me gusta mucho cocinar, cuando vaya a Mérida verá. ¿Usted cocina, Yazmin? Me preguntó.

“No maestro. A mi se me quema el agua.” 

“No, no Yazmin! Verá que cuando ame de verdad, aprenderá a cocinar.” Me aseguró con esa sabiduría que solo él tenía. Y sí, durante los días de encierro de la pandemia aprendí a cocinar. Por amor. Pero no me dio tiempo de contarle.

También llegamos a ir a un restaurante de chiles en nogada que estaba por mi oficina, en Avenida Universidad, al Club de Industriales en donde recuerdo que cantó y cantó con un trío que llevó mi querida Natalia para un encuentro con el Dr. Raúl que lo admiraba muchísimo. Y por su puesto, en donde se sentía más cómodo, en la Sociedad de Autores y Compositores en donde pedía comida de Mayita y juntaba a todos sus amigos, como Martín Urieta, Alex Lora, Fato y Carlos Macías, para organizar deliciosas bohemias. 

Era increíble cómo se le acercaba la gente para pedirle una fotografía o contarles como se enamoraron con sus canciones, siempre fue amable con todos, jamás regateó su tiempo ni su cariño. Sencillo, único. 

Un día, me llamó mi jefe, Memo, para decirme que tenía que entrevistar a Manzanero en mi programa.

¿A Juan Pablo? Le pregunté.

“No, a Armando Manzanero. Lo invitamos al canal y dijo que sólo aceptaría si tú lo entrevistabas.”  Por su puesto que el maestro me habría llamado para decírmelo él mismo, pero quería que me reconocieran y sabía que eso ayudaba. Por eso se le ocurrió, junto a Juan Pablo, hacer los «Martes de bohemia», en donde me organizaban llevar cada semana a un compositor de la SACM. Un éxito.

«Yazmin, usted tiene que hacer un programa de música. Lo podemos hacer en la Sociedad de Autores y yo la voy a ayudar en todo. Nadie tiene el don de entrevistar como lo hace. Serán unas bohemias maravillosas. La gente necesita un programa así.» Me dijo un día. Y a mi me encantó su idea. Pero me dejó con las ganas.

El maestro iba acompañado de su poesía y de su piano. Llegaba a las comidas con todo y el instrumento, como si fuera una guitarra, y me contaba que no hacía falta inspiración ni musas, sino trabajo constante. Que diario se levantaba temprano para encontrarse con el pentagrama y trabajar. “El que es compositor, compone con, sin o por. Con musa, sin musa o por encargo.” 

El maestro fue disciplinado, puntual, centrado… Llevaba un cuadernillo donde iba anotando ideas, frases que escuchaba o que le surgían. Jamás hizo creer a nadie que su arte salía de la nada, no, siempre dejó claro que la magia surge tras mucho trabajo y esfuerzo. Madrugaba, estaba presente, nunca dejaba para después las cosas y hacía lo que tenía que hacer para que sucedieran. Más de 400 canciones, todas perfectas, lo demuestran.

Así era el maestro Armando Manzanero. Orgulloso de su origen maya, sin sospechar lo inmensamente grande que era, que es y que será siempre. Me trataba como un admirador, sin percatarse de que yo, y cualquiera, estábamos rendidos a sus pies. 

Escucharlo hablar era cómo escuchar sus canciones. Poesía. Y así vivirá por siempre, como el gran poeta del romanticismo.

Maestro, “Nos hizo falta tiempo” con usted… Gracias por su música, gracias por su amistad. Gracias por el legado de amor que deja, por su sencillez, por compartir el gusto por la gastronomía y por la vida… No solo ha sido el mejor compositor de nuestro país sino un ser humano maravilloso. 

 Usted vivirá siempre… ¡Fue un privilegio conocerlo y quererlo! ¡Hasta siempre!



Violencia de género: la otra pandemia

Violencia de género: la otra pandemia

octubre 21, 2020  |  Mis Articulos


La ONU Mujeres alertó que la violencia de género está creciendo a pasos agigantados y que en el país 2 de cada 3 mujeres se atreven a denunciar que han vivido algún tipo de violencia desde los 15 años de edad.

Foto: Pixabay


¿Qué ocurre con el confinamiento?


Podríamos pensar que al estar en casa, las mujeres están más protegidas, no solo del Covid-19, sino de los golpes, las violaciones y los feminicidios, pero no, la violencia doméstica contra la mujer ha aumentado 60% en México durante la pandemia, según datos de la ONU.


Según el Secretariado Ejecutivo del Sistema Nacional de Seguridad, los feminicidios en México se han disparado un 137% en los últimos cinco años. Y la UNAM afirma que las llamadas de auxilio durante la pandemia, se han incrementado un 70%.


Y ojo, no estábamos bien antes de que el Coronavirus llegara a nuestras vidas, 10 mujeres ya eran asesinadas diariamente con crimenes de odio y violencia. Algunas estadisticas nos posicionaban y posicionan, como el país con más feminicidios en el mundo, los otros datos nos ponen solo por debajo de Brasil. 


Cada cuatro minutos una mujer es violada. Creció en un 310% las denuncias por abuso sexual a niñas de 0 a 5 años.Anualmente quedan embarazadas más de 11 mil niñas de 10 a 14 años, por violaciones.76% de las mujeres sufre violencia por parte de su pareja.Hay 270 feminicidios al mes.

Datos son alarmantes.


Durante el primer trimestre del confinamiento se registraron 375 presuntas víctimas de feminicidio y 1,233 víctimas mujeres de homicidio doloso, dando un total de 1,608; es decir, un 6% más que en el mismo periodo de 2019.
Asimismo, se han contabilizado 23,460 presuntas víctimas mujeres de lesiones dolosas y se han atendido 108,778 llamadas de emergencia al número 911, relacionadas con incidentes de violencia contra las mujer.

Mientras las mujeres están siendo brutalmente asesinadas y violadas, el diputado de Morena, Raúl Eduardo Bonifaz Moedano, presentó una iniciativa para establecer el delito de homicidio.


Los expertos explican que el confinamiento aviva la tensión y el estrés generados por preocupaciones relacionadas con la salud, la seguridad y el dinero. Y el aislamiento facilita a las personas violentas a actuar así, pues sus parejas no tienen contacto con quienes pueden ayudarlas. Es la situación perfecta para ejercer un comportamiento controlador y violento en el hogar. Y al mismo tiempo, los refugios para la violencia doméstica en el mundo, alcanzaron  su máxima capacidad.

La violencia de género ya era un problema grave, ahora es peor. En los últimos 12 meses, 243 millones de mujeres y niñas (de edades entre 15 y 49 años) de todo el mundo han sufrido violencia sexual o física por parte de un compañero sentimental. Y, con el avance de la pandemia del COVID-19, esta cifra se ha multiplicado.

Superando a tu ex

julio 23, 2020  |  Mis Articulos

Tras casi dos décadas casados, seis años separados y una hija en común, Melanie Griffith sigue publicando mensajes de amor a su ex esposo Antonio Banderas. 

«Guapo», «Feliz cumpleaños a mi atractivo exmarido. Siempre te amaré», son algunos de los menajes que pone la actriz para acompañar las fotos de antaño.

Luego en el cumpleaños de su hija, puso una foto que decía «Mama, Stella, Papi y MorMor en la velada por el 22 cumpleaños de Stella». Se veía a Banderas con su mano en la pierna de Melanie.

«¿Estás saliendo con mi ex? Wow, me estoy comiendo un sandwich, también quieres las sobras?». ¿Despecho? Sospechamos que está foto podría tener un mensaje, bastante poco sutil, hacía Nicole Kimpel.

Hace unos días puso fotos con todos sus exmaridos, pero a Antonio le puso: Aqui con mi amor Antonio. Besitos. 

Ninguno de estos mensajes fue respondido por Antonio ni por sus otro exmarido, y es que todos están casados con chavitas guapisimas, ella tiene 62 y aunque presume cuerazo, no ha vuelto a tener una relación.

La pregunta que surge de todo esto es… ¿Cuánto tiempo puede llevarte superar a un ex? 

Olvidar, jamás. Siempre recordarás lo que viviste con alguien, pero superar es lo lógico. 

Según algunos estudios, el proceso de duelo de una ruptura puede durar de seis meses a dos años. Y son seis etapas para afrontar la ruptura:

1. La incertidumbre. En ese momento es habitual sentir desconcierto o bloqueo, digamos que es difícil creer lo que ha sucedido. Se siente un vacío, no duermes bien, no tienes hambre. Esto puede durar hasta un mes. Máximo. 

2. El dolor. Aquí se siente tristeza porque no funcionó, por las expectativas no cumplidas y los planes a futuro truncados. Es una falsa sensación de sentir que se ha fracasado. Se sienten ganas de llamarle a la otra persona, de revertir todo. Algunas personas quedan ancladas en esta fase, pudiendo desarrollar incluso una depresión. 

3. La culpa. Hay una necesidad de buscar el sentido a lo que ha ocurrido, una explicación: ¿qué salió mal? ¿quién fue el culpable? ¿qué hice mal?

4. La resignación. Esta es la etapa del adiós. Llegar hasta aquí suele ser el paso más complicado. Es en este momento cuando la persona se siente capaz para decir adiós y acepta que la relación ha terminado. 

5. La reconstrucción. Por fin tienes energía y ganas de estar bien, de salir y conocer gente.

6. La determinación. Sabes que algo murió y que algo nació. Aquí comienza una nueva etapa. El proceso de duelo por la ruptura ha finalizado. Es importante tener presente que las relaciones que han sido importantes para nosotros no se olvidarán nunca, pero ya puedes recordar sin dolor.

LA CIENCIA

Existe un circuito neurológico que fija con más intensidad los recuerdos que fueron incorporados de la mano de un fuerte contexto emocional. Las relaciones importantes están llenas de memorias imborrables, por lo que vivir el duelo en soledad, sentirlo, no necesariamente ayuda a superar el fin de una relación. 

Me preguntarán si se puede pasar de la incredulidad a la reconstrucción, como muchos hacen. Es decir, de cortar la relación a iniciar una nueva inmediatamente. La neurociencia dice que tener una nueva pareja inmediatamente no evita que recuerdes. Quizás estas distraído por momentos, pero el dolor y los recuerdos no desaparecen.

Los expertos del Instituto de Neurología Cognitiva (INECO), han estudiado esto con resonancias magnéticas funcionales (en donde se ve el habla, el movimiento, la sensibilidad) y le llaman «conflicto cerebral», porque por un lado la relación termina pero el cerebro sigue aventando imágenes y reacciones corporales. Es decir, la costumbre, efectivamente es más fuerte que el amor, y el cuerpo está acostumbrado a la relación. 

En el lóbulo temporal hay dos estructuras. Una se llama hipocampo y por allí pasa la memoria declarativa, es decir, desde acordarse qué día es hoy hasta la cara de una pareja. Junto hay otra llamada amígdala, que contiene a la memoria emocional. Para que la información declarativa pase por el hipocampo y se distribuya en el cerebro, debe haber un contexto emocional. Cuando la amígdala detecta ese contexto emocional envía neurotransmisores al hipocampo. Así se incorpora en la memoria como fenómeno de fijación. Si un día se acercó un tipo y te asaltó, siempre que se acerque alguien, vas a reaccionar porque se fijó en tu memoria esa emoción. Es la amígdala que sigue respondiendo con descargas emocionales involuntarias.

Estos recuerdos pueden aparecer como imágenes pero también como olores, sensaciones auditivas y como procesos de pensamiento. Por eso cuando heles una loción, recuerdas a ese novio que la usaba. 

Las mujeres se recuperan antes tras el desamor

Aunque esto es completamente subjetivo, ya que cada cabeza es un mundo. Es verdad que las mujeres se dan el permiso de vivir el duelo, mientras que ellos prefieren saltarse la etapa del dolor, y quieren comenzar a salir con otras, sin que esto necesariamente inhibe esa etapa. 

De hecho se realizó un estudio a más de 5.000 personas de 96 países, en donde se comprobó que las mujeres sufren más intensamente una ruptura.

Si un hombre hiciera las mismas cosas que hace una mujer cuando pasa por una ruptura, la sociedad lo consideraría débil, por eso se les ha inculcado que tienen que tragarse su sufrimiento y seguir adelante así. Y lo que sucede es que pasa y pasa el tiempo, y siguen extrañando secretamente. Mientras que las mujeres, casi siempre, lo lloraron y lo vivieron con tal intensidad, que lo sanaron. 

El caso de Melanie y Antonio parece que va en contra de la ciencia, ya que él inició una relación en cuanto se separó, mientras que ella sigue sola y claramente extrañándolo. Sin embargo, antes de la separación formal, ella ya desfilaba por eventos, coqueteando y posteando mensajes como: «¿Quién cree en el matrimonio?». Independientemente de eso, 20 años se quedan fijados en la memoria, y la voluntad por acariciar ese dolor, ha hecho que el siga atrapada en los recuerdos.